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La ciudad de Dios

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“Porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor… Pues aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad venidera.” – Hebreos 11:10, 13:14

Texto: Apocalipsis 21:10-22:5

Para mostrar: Un bloque de Rubik.

Resumen: Juan vió la ciudad de Dios, la nueva Jerusalén. Era la ciudad en la cual Jesús reinaría la nueva tierra.

¿Cuántos de ustedes han oído la historia de “Peter Pan?” (Escuche las contestaciones) Como saben esa historia es ficticia, es decir, no es una historia verdadera sino inventada. Pedro, el niño, tiene la capacidad de volar a la Tierra del Nunca Jamás donde no tiene que crecer. Todo eso es tan increíble que uno puede llegar preguntarse si eso llegará a ser posible alguna vez. Déjenme contarles ahora una historia verdadera. Está escrita en el último libro de la Biblia, Apocalipsis, escrito por el Apóstol Juan.

Juan era uno de los doce discípulos. El joven Juan escuchó a Jesús prometerle a sus seguidores: “Voy a prepararles un lugar” (Juan 14:2). Cuando Juan llegó a ser muy mayor (viejito) pudo ver el lugar que Dios había preparado. Era una ciudad en la cual Jesús reinaría al crearse una nueva tierra. Dios le envió un ángel a Juan. El ángel le enseñó a Juan cómo sería el futuro. Juan vió un nuevo cielo y una nueva tierra. El ángel llevó a Juan a una montaña muy alta. Desde ese lugar Juan vió la ciudad de Dios, la nueva Jerusalén, bajando del cielo a la nueva tierra.

Quizás has visitado una ciudad grande como Nueva York, Cuidad Méjico, Londres o Tokio. Aún siendo tan grandes, esas ciudades no se comparan con la que Juan vió. El ángel midió la ciudad y le dijo las medidas a Juan. La ciudad era cuadrada (enseñe el bloque de Rubik); medía lo mismo de largo que de ancho. Escuchen con atención: medía 1,380 millas (2220 kilómetros). Su longitud, su anchura y su altura eran iguales. Esa es la distancia aproximada entre Los Ángeles y Dallas o desde Montreal a Miami. Le tomaría tres horas en avión en ir de un lado al otro de la nueva ciudad. ¡Era enorme!

Luego el ángel llevó a Juan a ver la ciudad. La calle de la ciudad era de oro. La ciudad tenía tres puertas de perlas en cada uno de sus cuatro lados. Juan escribió: “No vi ningún templo en la ciudad, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo. La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera”. Cordero es un nombre que se le dá al Señor Jesús. Juan vió que las puertas de mantenían abiertas todo el tiempo y que nunca oscurecía de noche porque Dios iluminaba todo lugar. Juan dijo que sólo podían entrar aquellos que creyeran en el Señor Jesús, “sólo aquellos que tienen su nombre escrito en el libro de la vida, el libro del Cordero.”

Finalmente el ángel le enseñó a Juan “un río de agua de vida, claro como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, y corría por el centro de la calle principal de la ciudad. A cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce cosechas al año, una por mes.” Los siervos adorarán a Dios; “lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente.”

¿Crees que te gustaría ver algún día este lugar? (¡Sí!) ¡El Señor Jesús te ha invitado a la ciudad de Dios! Sin embargo, como está escrito: “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman” (1 Corintios 2:9).

©2004 por Jim Kerlin. Todos los derechos reservados. Las traducciones en español por Zulma M. Corchado de Gavaldá.

Escritura tomada de la Biblia de Estudio NUEVA VERSION INTERNACIONAL®. El derecho de autor © 1973, 1978, 1984 Sociedad Bíblica Internacional. Todos los derechos reservados mundialmente. Utilizado con el permiso de la Sociedad Bíblica Internacional.

This article was written by Jim

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